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" En el lastimoso trayecto de esos cien días, esa “neumonía de causas desconocidas”, ha infectado a millones y ha matado a más de cien mil personas en el planeta, pero de manera paralela ha derrumbado la economía global que está a nada de caer en una profunda recesión de alcance mundial"
21:04 sábado 11 abril, 2020
QUEBRADERO
En el jueves santo que recién pasamos con un aire de zozobra, se cumplieron cien días desde que el gobierno de China anuncio al mundo el hallazgo de un virus mortal. Esa neumonía desconocida que ahora asola a la población de buena parte del mundo, es el coronavirus o COVID-19. En el lastimoso trayecto de esos cien días, esa “neumonía de causas desconocidas”, ha infectado a millones y ha matado a más de cien mil personas en el planeta, pero de manera paralela ha derrumbado la economía global que está a nada de caer en una profunda recesión de alcance mundial. Cien días después, en México se está expandiendo la curva de contagios y el recuento de muertes está ya en una espiral ascendente que nadie sabe hasta dónde podrá llegar. Las medidas de contención aplicadas siguen la ruta marcada por la Organización Mundial de la Salud, sin embargo, es imposible saber si la estrategia será exitosa sino hasta el momento en que la curva se estabilice y empiece a descender. Para eso, faltan días aciagos y muy probablemente meses en los que los números serán tan fríos como estremecedores. Las principales medidas de contención a fin de evitar la expansión del virus han sido desatendidas por un importante segmento de la población. Yo me quedo en casa y la Sana Distancia, lograron paralizar a millones y millones de personas en estados, ciudades y municipios. Si bien la respuesta inicial fue positiva y se procuró atender esas medidas preventivas, la gente empezó a flexibilizar su actitud y están en las calles quienes no tienen funciones esenciales. La principal arma contra el virus es quedarse en casa y tomar distancia de otras personas, es lo más simple, pero lamentablemente hay quienes no lo quieren entender. En San Luis Potosí el virus se expande como ocurre en el territorio nacional, eso es una realidad incontestable. El miércoles 8 de abril es importante en esta ruta que transita la epidemia en nuestro estado. Remite a la rueda de prensa de ese día en la que las autoridades sanitarias dieron el parte de las últimas horas respecto de los estragos de la enfermedad y sus víctimas. Apesadumbrado, el gobernador Carreras bosquejó un panorama desolador para los potosinos frente a la pandemia. Lo que viene en los próximos dos meses es parte de una crisis sanitaria inédita que incide fuertemente en lo económico. El mandatario se mostró afligido y con talante duro, como cuando alguien va a dar una noticia dolorosa. Ese día, la comunicación no verbal del gobernador no fue de ningún modo una imagen de aliento. Aunque en ese evento se dio a conocer la reconversión del sistema de salud para enfrentar la pandemia, Juan Manuel Carreras parecía entender que eso no será suficiente. Él, mejor que nadie, sabe que el sistema de sanidad en la entidad presenta más debilidades que fortalezas. Por eso estaba con el pesar marcado en el rostro, sabe que habrá más muertes de las que se podría pensar hoy. Cuando el gobernador dijo que apenas vienen las semanas más difíciles, es porque más allá de la letalidad del virus, la estructura pública de salud es insuficiente, de manera especial, en municipios y regiones marcadamente pobres que apenas si cuentan con casas de salud. El desaliento del mandatario potosino es justificable pues por la noche de ese mismo miércoles 8 de abril, el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell dijo que la magnitud real de la epidemia equivale a multiplica por 8 o 10, el número de casos observados que se han presentado. Frente a la epidemia, los recursos humanos y económicos, los materiales e insumos médicos, así como las instalaciones de sanidad son insuficientes, eso es cierto, sin embargo, es posible superar ese cuadro de adversidad. Lo que se necesita es expresar apoyo al sector salud porque todo su personal está en el frente de batalla. Urge un apoyo solidario en el sentido de confiar en que estamos en buenas manos. Las mujeres y hombres en los hospitales tienen vocación de servicio y pese a los riesgos, honran esa vocación. También se necesita del respaldo de los líderes políticos y empresariales a favor de las acciones que se emprenden desde el gobierno, sea federal o local. Hay que desterrar la mezquindad política que se concreta en la intención de aprovechar la epidemia para atacar a las instituciones. Sin unidad, será más complicado enfrentar la adversidad. No faltan los actores políticos que todos los días torpedean con verdades medias o bien con mentiras, a las instituciones de salud: buscan pegarle al presidente de la república o al gobernador del estado, pero en los hechos golpean al sistema de salud con el propósito de generar desazón e incertidumbre. Se necesita una conducta de respeto al personal de salud que injusta e irracionalmente ha sido agredido o estigmatizado: las médicas y los médicos, las enfermeras y enfermeros se enfrentan cotidianamente a condiciones de riesgo y algunos ignorantes que les vienen discriminando. No es momento de sembrar dudas y desconfianza en un sistema de salud ya de por si históricamente debilitado: lo que digamos o hagamos contra la estrategia sanitaria, tarde que temprano se volverá contra todos. La sociedad puede demostrarle a quienes hacen la guerra sucia que un pinchazo de pánico tras otro, no marcarán diferencia, que la unidad en torno a la salud está por encima de todo.