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Por fin, la gente parece empezar a entender a cabalidad de qué se trata la contingencia del Covid-19; asoma ya una sociedad más solidaria, atenta a expresar su apoyo y a tomar en cuenta el llamado a quedarse en casa; pero hace falta un esfuerzo mayor a favor de reconocer que quedarse en casa es lo más importante en la estrategia contra el virus.
20:41 sábado 2 mayo, 2020
QUEBRADERO
Por fin, la gente parece empezar a entender a cabalidad de qué se trata la contingencia del Covid-19; asoma ya una sociedad más solidaria, atenta a expresar su apoyo y a tomar en cuenta el llamado a quedarse en casa; pero hace falta un esfuerzo mayor a favor de reconocer que quedarse en casa es lo más importante en la estrategia contra el virus. Para los días seis y ocho de mayo se espera que la epidemia alcance el nivel más alto de infectados y defunciones. Cada día de mayo nos traerá nuevos datos que desvelarán el tamaño y letalidad del virus. A las 6:30 de la tarde del pasado domingo 26 de abril, en la rueda de prensa matutina del Gobierno Federal en la que se detalla la estadística diaria del avance de la epidemia, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell y el director de Epidemiología de la Secretaría de Salud, interrumpieron el encuentro con los periodistas, se pusieron de pie y empezaron a aplaudir. El aplauso fue para las médicas y médicos, enfermeras y enfermeros y demás personal del sector Salud de todo el país. El aplauso, para agradecer el esforzado trabajo que realizan minuto a minuto de cada día en la atención a la población afectada por el virus. La iniciativa había surgido en redes sociales unos días antes, cuando los ciudadanos empezaron a promover muestras de apoyo a quienes arriesgan sus vidas para atender a los pacientes. Ahora, todos los días, durante la conferencia de prensa del sector Salud, se brindan aplausos en respaldo a quienes, inexplicablemente, siguen siendo objeto de agresiones e insultos por parte de personas tan ignorantes como estúpidas. Estas muestras expresiones se han venido presentando en diferentes puntos de la nación de manera que la agresión se transforma en reconocimiento. Esto es alentador. Mayo es crucial en el combate y contención de la epidemia; es oportuno que se empiece a mostrar solidaridad a todo el personal del sistema de sanidad. Conviene a México que en este mes tan relevante en la coyuntura pandémica, algunos de los actores políticos y empresariales también colaboren en la difícil tarea de disminuir la alta tensión que se tiene con el gobierno de la república. De ellos se reclama mesura, serenidad y responsabilidad. La emergencia nacional exige unidad. No sumisión, sí unidad. Pero así como se aplaude a quienes por vocación viven para ayudar a los demás en los hospitales, hay también quienes están en situación de riesgo al mantenerse en actividades esenciales y por tanto, requieren ser reconocidas. El mediodía es sofocante. El sol quema. Ni una sombra cerca para refugiarse. Es el paradero de autobuses de la Ruta 3 en la calle de Constitución, en la alameda. Una mujer cubre su cabeza con el gorro de la sudadera, lleva un paliacate que le cubre la cara y barre la calle. Arrastra con la escoba la basura que empecinadamente arrojan los transeúntes. Lleva un chaleco del ayuntamiento de la capital y cansinamente prosigue su labor sin que nadie parezca darse cuenta de ella y del servicio que nos brinda a todos. Un hombre camina por una acera por la calle Circuito Gómez-Farías. La cruza desde Mariano Jiménez hasta Coronel Romero. Es un día por demás caluroso del abril que concluye. Viste camisola y pantalón color caqui, porta un casco amarillo y lleva lentes oscuros y va tomando la lectura de los medidores de energía eléctrica de la Comisión Federal de Electricidad. Se detiene y se seca el sudor de la frente para luego reemprender el paso. La calle luce vacía de modo que nadie sabe que afuera de las casas hay alguien que está trabajando. Doña Andrea vende verduras en la esquina de las calles Hidalgo y Libertad en Soledad de Graciano Sánchez. Llega a las ocho de la mañana y se va a las seis de la tarde. Se protege del sol bajo la sombra del toldo de un negocio. No siempre le va bien con las ventas y se duele que “ojala ya de menos saque lo del día”. La gente pasa por el lugar, frente a su mesa repleta de charolas de verduras y yerbas para sazonar los alimentos, pero muchos pasan sin siquiera verla. En la esquina de la carretera 57 con la entrada a la colonia Pavón, un grupo de hombres y mujeres esperan el autobús. Son las seis de la mañana y están listos para tomar camino a la fábrica. Van a la zona industrial. Una trabajadora de Draexelmaier dice que la cosa está difícil, están trabajando al 40 por ciento y su salario no alcanza. Les habían dicho que no bajaría el sueldo, pero al final si lo hicieron. Su semana laboral se ha recortado a tres días. Su presencia en esa esquina es parte de la normalidad, pero la difícil situación que enfrentan es del todo anormal, pero eso no le interesaría a nadie, ni siquiera a su sindicato. Hay miles y miles más que como ellos salen a trabajar para que las cosas sigan funcionando y eso hay que agradecerlo. El viernes, el presidente de la república Andrés Manuel López Obrador hizo un llamado a la población a “guardarse” en casa y horas después, en San Luis Potosí, el gobernador Juan Manuel Carreras López replicó esa petición. De hecho, el mandatario estatal demandó de los potosinos “disciplina” y “responsabilidad” para acatar las medidas dispuestas por las autoridades sanitarias para lograra aplanar la curva epidemiológica. La autoridad local ha implementado nuevas medidas con el propósito de reducir la movilidad de la población en las calles. No se trata de un acto de intimidación sino una medida necesaria que debe mantenerse en estricto respeto a las leyes y a los derechos humanos. Ya hemos sido capaces de superar en buena medida la irracional actitud en contra del personal de salud, ahora hay que tener confianza en las autoridades y atender sus llamados a la disciplina, a la responsabilidad y a guardarse en casa. Esperemos con calma lo que nos traerá el punto más álgido de la epidemia, estimado para los días seis y ocho de mayo. Es harto difícil mantener la calma y confiar en la autoridad, pero hay que hacerlo.