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Los ingleses, obligadamente, porque le hacen con furor a ambas disciplinas, tienen sus cosas que decir.
00:10 domingo 28 junio, 2026
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El deporte que mejor se lleva con la literatura es el boxeo, desde que dos energúmenos intercambian golpes en “La Ilíada”, hasta Jack London o Conan Doyle, hasta Norman Mailer, hasta Ricardo Garibay, hasta Joyce Carol Oates. Mucho menos habitual como asunto libresco, el futbol tiene, sin embargo, sus méritos, entre ellos dos tan descomunales como hacer medio simpático a Eduardo Galeano o aceptar que alguien se ponga a piropear al Barça, caso de Vázquez Montalbán. Los ingleses, obligadamente, porque le hacen con furor a ambas disciplinas, tienen sus cosas que decir. El ejemplo más socorrido es “Fiebre en las gradas”, de ese buen novelista que es Nick Hornby. Salvo que en este caso no se trata de una novela, sino de una memoria entrañable y necesariamente torturada que se teje de partido del Arsenal en partido del Arsenal. De ahí lo torturado. El equipo del norte de Londres pasó muchas, muchas temporadas sin dar una, incluidas varios “yameritazos”. Sí: eso de que gane la Premier es cosa de ahorita. A mí, sin embargo, me gusta no menos una aparición fugaz del futbol en un libro extraordinario, como es “Una historia del mundo en diez capítulos y medio”. El autor es Julian Barnes, que tiene la no menos frustrante costumbre de irle al Leicester. En el relato a que me refiero, el protagonista muere y aparece en el paraíso, donde disfruta de la compañía una holandesa –así se les llamaba entonces– espectacular que entre otras cosas le pone enfrente el desayuno inglés perfecto. Bueno, pues en el paraíso, o más bien –alerta de spoiler– aparente paraíso, el Leicester es campeón. Ya que estamos con Barnes, cabe recordar que tiene un seudónimo con el que escribe policiacas llenas de humor, Dan Kavanagh. El protagonista es un detective vicioso y desequilibrado que juega de portero. “Con las botas puestas”, una de sus novelas, empieza con las palabras “Hay muchas formas de romperle la pierna a un rival”. Y sí. En lengua española tenemos también lo nuestro. En México, el escritor futbolero por excelencia es Juan Villoro, otro cuya lectura se disfruta incluso cuando tiene esa afición inaceptable a los blaugrana. Su libro más conocido es probablemente “Dios es redondo”, con el mérito enorme de que ayudó a sacar a los escritores mexicanos del clóset. Antes de él, con alguna excepción, veían lo de escribir sobre este deporte como una frivolidad, o una vulgaridad. Prefiero recomendar, sin embargo, su reciente “Héroes numerados”. Las semblanzas de jugadores que incluye son brillantes. Vaya prosista. Se termina el espacio, pero en esta columna se rinde tributo al equipo de equipos: el Real Madrid. Búsquense, por favor, “Salvajes y sentimentales”, esa recopilación de textos breves del gran escritor que fue Javier Marías. Sigan disfrutando el Mundial. Seguimos vivos, y líderes. POR JULIO PATÁN COLABORADOR @JULIOPATAN09