Vínculo copiado
#ESNOTICIA
#ESNOTICIA
Sin agua va, Ariana Harwicz fue vetada de un festival en Granada, Cultur Ahl. ¿Por qué la censura repentina a manos de las mismas organizadoras?
00:10 domingo 4 octubre, 2026
Colaboradores
Disculparán el arrebato de positividad, pero es una semana para brindar: por una vez, la censura resultó un mal negocio. Sin agua va, Ariana Harwicz fue vetada de un festival en Granada, Cultur Ahl. ¿Por qué la censura repentina a manos de las mismas organizadoras que conocían sus posiciones cuando la invitaron? Interprétenlo. El argumento fue que no era posible garantizar su seguridad, porque la organización “pro Palestina” en turno llamó a descabalgarla por sus puntos de vista sobre Gaza. Así que: chao. Interprétenlo, pues. Pero interprétenlo dentro del breve espacio comprendido entre la cobardía y el oportunismo. Lo del mal negocio empieza por la reacción de la Universidad de Granada, la sede, que en un comunicado desmintió a las organizadoras y no solo negó ser responsable de la censura, sino que la condenó. Enseguida, John Banville canceló su participación. Para remate, 350 escritores publicaron un desplegado contra la desinvitación. Escritores entre los que están algunos que comparten las posiciones de Harwicz, caso, digamos, de Savater, pero también otros que, sin compartirlas, decidieron levantar la voz contra un pronto digno de comisarios políticos, y también contra la calumnia. Siete figuras del festival habían decido pronunciarse en favor de la cancelación en un comunicado en el que acusan a su colega de “avalar el exterminio” e “injuriarlas”. Siete figuras que tienen o limitaciones graves de comprensión lectora, o un problema de fanatismo, o uno de deshonestidad. Que Harwicz avala un exterminio es falso. Léanla, por Dios. Eso sí, sostiene dos o tres cosas que se han vuelto anatema, por aquello de que el palestinismo es, en esencia, un culto, por supuesto ajeno a los sufrimientos reales de los palestinos. Sostiene que Israel tiene derecho a existir y por tanto a defenderse. O que el inicio de la guerra está en el pogromo de Hamás aquel 7 de octubre, una monstruosidad meticulosamente silenciada en festivales, universidades y medios. O que el feminismo, cuando las mujeres violadas cometieron el pecado de ser judías, enmudeció. A las siete abajo firmantes las alcanzaría la solidaridad. No tardó el contra desplegado en turno, que sin embargo nació muerto. 500 autores acusan a Harwicz de “negacionista” y aplauden la censura. Es un desplegado terrible por la naturalidad con que dice lo que dice: que hay una verdad inapelable sobre Gaza, escenario de “genocidio” equivalente al de los nazis, y no ya negarla, sino “minimizarla”, o sea discutirla, matizarla, te hace merecedor de la muerte social, porque –siguen– exigir la censura es otra forma de la libertad de expresión. Dicen que esos 500 se erigieron en tribunal internacional. Disiento. Los tribunales internacionales no te condenan por cuestionar sus veredictos. Esta la perdieron los talibanes. Salud por eso. POR JULIO PATÁN COLABORADOR @JULIOPATAN09