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La presidenta una mujer sencilla en su imagen, austera en su modo de vida sin que esto incluya falsas modestias como las de AMLO
00:10 miércoles 9 septiembre, 2026
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La presidenta Sheinbaum hizo la semana pasada en dos ocasiones un llamado a sus compañeros de partido a conducirse con honestidad y decoro. Particularmente le preocupa la imagen que se ha disparado de frivolidad y derroche de muchos militantes de Morena. Los lujos de relojes, ropa, viajes están siendo la norma en ese movimiento político. Nada más alejado de las enseñanzas de López Obrador y del ejemplo de la propia presidenta.
Con el tabasqueño la austeridad era una exigencia que rayaba en el absurdo. Por supuesto no le hacían caso y la robadera alcanzó grandes dimensiones. Pero se abstenían de presumir sus excesos, no fuera ser que los castigara alejándolos de las fuentes de su nueva riqueza.
Sin embargo, con Sheinbaum optaron por el destape y ya es cosa de todos los días ver a morenistas ostentando sus abusos en fotografías y videos. Se trata de una nueva clase política que prometió ser diferente y que hizo de la consigna “no robar” una promesa permanente. El fracaso de esa promesa está a la vista y se puede constatar en los propios hijos del expresidente.
Sheinbaum ha delineado una estrategia de imagen acorde con su forma de ser y ha sido exitosa en ese sentido. Una imagen austera, de sencillez. Así es su vestimenta -casi siempre con motivos nacionales- y su presencia física. Nada de algo que pueda dar señales de lujo u ostentación.
En política también ser es parecer y eso lo sabe la presidenta. Por eso le preocupa la imagen que se está acrecentando de robadera y abuso que si bien es cierto no le afecta en su popularidad personal, si define un tipo de gobierno y de su clase política. Los morenistas no parecen ser sensibles al ejemplo de la presidenta. Le aplauden y le echan porras, pero no les parece digna de ser imitada. Sheinbaum sabe del poder de la imagen que se proyecta, de ahí su preocupación.
En el libro Moda y política (editorial Catarata), la historiadora Ana Velasco hace un viaje por la influencia en movimientos políticos de la vestimenta a través de la historia. Desde la toga romana hasta la gorra roja de Trump. Aquí algunos subrayados:
“El poder antes de dictar leyes, construye imágenes. Y la primera de ellas es el vestido”.
“Porque toda política necesita vestirse y toda prenda, cuando entra en el espacio público, deja de ser tela para convertirse en signo. Es el primer encuadre del liderazgo, el dispositivo simbólico que traduce ideología en imagen. A través de la indumentaria se codifican valores -sobriedad, tradición, actualidad, nación, rebeldía- y se negocian identidades colectivas”.
“La moda, insistimos, no es un fenómeno superficial. Es estructural. Y entenderla es comprender cómo se construye, se disputa y se escenifica el poder. Porque este no solo se ejerce, se representa”.
Es claro que en política lo que se transmite termina siendo la esencia de la imagen. Si Sheinbaum quiere dar la imagen de un gobierno sencillo, cercano, austero, su imagen va por buen camino. Sin embargo, ya hay un choque evidente entre la imagen de la presidenta y la de su partido.
Se trata de una mujer sencilla en su imagen, austera en su modo de vida sin que esto incluya falsas modestias como las de AMLO, pero que está al frente de una banda de corruptos que se ponen las joyas más extravagantes, viajan desplegando una actitud grotesca de nuevos ricos, y que están entregados a la devoción de las marcas de lujo.
Es una enorme contradicción y la gente se da cuenta. Podrán aplaudir a la presidenta, pero terminarán por abominar a Morena y los lujos y la frivolidad serán parte de la imagen de este gobierno.
Por Juan Ignacio Zavala
@juanizavala