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Los agentes de la CIA muertos en Chihuahua ayudaban, según una versión, a la localización de laboratorios clandestinos de drogas
00:10 viernes 24 abril, 2026
Colaboradores
El descubrimiento de que hay agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) operando en México, luego de que dos de ellos murieran en un accidente en Chihuahua durante un operativo antidrogas con las autoridades estatales, llama la atención menos por el escándalo que por su obviedad.
Hoy se piden explicaciones, se habla de incidente diplomático, el congreso entra en sesión para demandar explicaciones.
Suena un poco, y un mucho, a aquella expresión de sorpresa, de shock sicológico en la película Casablanca, cuando el Capitán de policía Louis Renault es apercibido de que hay un casino ilegal en el café de Rick, mientras se embolsaba sus ganancias de la noche.
Lo cierto es que la presencia de agentes de inteligencia estadounidenses en México es para bien o para mal, una realidad, al igual que la de representativos de otros países interesados por cualquier motivo en la situación de México.
En el pasado reciente se supo que, además de las estadounidenses, había presencia de agencias de inteligencia rusas (o soviéticas), cubanas, chinas, españolas, francesas, israelíes o británicas y quién sabe de qué tantos otros países.
Después de todo, México es un país importante por sí mismo y por su vecindad con los Estados Unidos, como una de las mayores economías mundiales y como la sede, a gustar o no, de grupos delincuenciales de creciente importancia y actividad transnacional. Los agentes de la CIA muertos en Chihuahua ayudaban, según una versión, a la localización de laboratorios clandestinos de drogas y a entrenar agentes en el uso de drones de vigilancia.
La ley mexicana afirma que los agentes deben registrarse y solo están autorizados a realizar actividades de enlace y de intercambio de información y de ninguna forma ejercer funciones reservadas a las autoridades mexicanas y poner a disposición de estas la información que obtengan y afecte la seguridad nacional.
Seguro, claro, por supuesto, absolutamente, cómo no. En algún lado deben existir esos registros.
Aunque podría recordarse, tal vez, que el espionaje es una actividad clandestina por definición y que las labores de recolección de inteligencia asumen muchas formas.
Y eso sin contar con que, de acuerdo con lo que sabemos, las comunicaciones telefónicas están sujetas a intercepción electrónica vía satélites, que también pueden aportar imágenes detalladas de zonas que por alguna razón resulten de interés.
La realidad es que por años han circulado versiones sobre la colaboración de agentes estadounidenses con las policías mexicanas, especialmente en operativos antinarcóticos que resultaron en grandes capturas de drogas o la muerte o arresto de jefes del narcotráfico.
México tuvo en su momento una agencia de contrainteligencia en el marco de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), reemplazada en 1989 por el Centro de Investigaciones y Seguridad Nacional (CISEN), transformado en 2018 en el actual Centro Nacional de Inteligencia (CNI).
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE