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Buscan fortalecer identidad potosina
00:10 viernes 13 febrero, 2026
Colaboradores
Hay momentos en que una sociedad necesita algo más que obras, anuncios o discursos: necesita símbolos. Necesita reconocerse, mirarse al espejo y recordar qué la une. En tiempos donde la conversación pública suele centrarse en lo urgente —seguridad, economía, infraestructura—, la identidad colectiva suele quedar en segundo plano. Sin embargo, justo ahí, en ese terreno intangible, también se construye comunidad.
La reciente presentación del nuevo himno de San Luis Potosí, interpretado por Los Acosta y encabezada por el gobernador Ricardo Gallardo Cardona en el Teatro Carlos Amador, abre precisamente esa conversación. La composición busca reunir en un mismo relato las tradiciones, las regiones y las raíces culturales del estado, desde sus pueblos originarios hasta sus celebraciones emblemáticas. No es un gesto menor: apostar por la cultura como herramienta de cohesión social implica reconocer que el sentido de pertenencia también es una política pública.
El mensaje resulta claro: fortalecer la identidad compartida puede generar vínculos sociales más sólidos, orgullo comunitario y una narrativa común en una entidad marcada por su diversidad territorial y cultural. La Huasteca, el Altiplano, la región Media y la zona Centro aparecen integradas en un mismo discurso simbólico que busca trascender diferencias y construir coincidencias. La pregunta relevante no es sólo qué dice el himno, sino qué puede provocar: ¿puede un símbolo cultural impulsar mayor participación social?, ¿puede convertirse en punto de encuentro entre generaciones?
También hay un componente estratégico que suele mencionarse menos. La promoción de la cultura y las expresiones artísticas no solo fortalece el tejido social, sino que proyecta identidad hacia el exterior, impulsa el turismo cultural y posiciona al estado en el ámbito nacional. En un entorno donde la competencia entre regiones también se mide en narrativa, imagen y pertenencia, construir símbolos contemporáneos puede ser una forma de desarrollo intangible con efectos reales.
Al final, un himno no resuelve problemas estructurales ni sustituye decisiones públicas, pero sí puede recordarnos quiénes somos y hacia dónde queremos caminar juntos. Y en una época donde la fragmentación social parece avanzar con rapidez, quizá no sea menor apostar por aquello que nos reúne. Porque antes de cualquier proyecto colectivo, siempre hay una pregunta esencial: ¿Cuál historia queremos cantar como comunidad?