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“Rey de Castilla, de León, de Aragón, de Navarra, de Granada, de Jerusalén, de Toledo, de las Dos Sicilias, de Valencia, de Galicia
00:10 domingo 5 julio, 2026
Colaboradores
En el enorme anacronismo de la monarquía de los títulos, cédulas, y demás residuos de la España Imperial, el Rey Felipe VI; vino a Guadalajara a hacer la ola e “hinchar” --como dicen los argentinos— en favor de la Furia, con los resultados de todos conocido. También estuvo en el palacio a donde no fue invitado –por rejego ante el perdón--, al inicio del mandato presidencial.
De nada –no entonces ni ahora-- le sirvieron tantos pergaminos:
“Rey de Castilla, de León, de Aragón, de Navarra, de Granada, de Jerusalén, de Toledo, de las Dos Sicilias, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Menorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, de las islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano (¿?); Archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Brabante, de Milán; Conde de Habsburgo, de Flandes, del Tirol, del Rosellón y de Barcelona; y un enorme e inútil etc., etc.”
Pero toda esa papelería no evitó el rapapolvo republicano y prehispánico. Si París valía una misa, México bien vale un rato de ingenuidad.
Los intereses económicos de los empresarios españoles –-no el falso romanticismo entre españoles y mexicanos--, lo impulsaron a venir aquí con el pretexto deportivo; jugar en cancha ajena, poner la cara y condescender ante la intransigente actitud cuatroteista sobre la conquista y la explotación de “Las Indias”: debe pedir perdón por todas las abominaciones, excesos, salvajadas; mercados de esclavitud, atropello religioso y cultural; composición lingüística y clerical y otro largo y también inútil etc.
No lo hizo, pero haber venido a escuchar ahora en persona la cantaleta indigenista hasta salir por peteneras, poner cara de conciliación y hacerse el sorprendido ante los murales de Diego, es no entender nada: la dueña de la casa decide el menú y la silla y si en plato le sirven sapo, pues joderse su majestad, comerá usted renacuajo o axolote. Y ponga buena cara.
Tozudos los de allá. ¡Coño!
Tercos los de aquí, ¡Coñotl!
Dijo ayer la señora Sheinbaum:
“Y (le) hablé de por qué la solicitud del perdón era relevante o es relevante para nosotros, más allá de cualquier discrepancia que pueda haber; le planteé la importancia de que 28 millones de mexicanos se reconocen como indígenas (...) y cómo el reconocimiento de las grandes civilizaciones, la grandeza cultural de México, se vincula con el periodo previo a la llegada de los españoles…”
Bueno, la grandeza cultural de México, quien sabe. México ni existía como país, pero ese balón se metió donde las arañas tejen nidos. Olé, olé…
POR RAFAEL CARDONA
COLABORADOR
@CARDONARAFAEL