Vínculo copiado
#ESNOTICIA
#ESNOTICIA
Basada en hechos ocurridos el 87, poquito después de Chernobil, la serie funciona por dos razones. La primera es el retrato nada escandaloso
00:10 domingo 12 abril, 2026
Colaboradores
Alguien, en un centro médico de radiología que cierra, deja irresponsablemente un artefacto con cesio-137, un material radiactivo. Un par de chicos pobres, dedicados a sacar unos centavos de la chatarra, se lo encuentran, lo abren a martillazos y lo revenden.
Es cuando empieza la pesadilla: numerosas personas con quemaduras y envenenamientos atroces, mantos de agua contaminados, barrios enteros sometidos a los horrores químicos, camiones que transportan material tóxico, autobuses que recorren la ciudad con el veneno.
Enseguida, una historia que a los mexicanos nos resultará familiar. Por un lado, físicos, médicos, enfermeras, militares y policías que se la juegan para contener la contaminación radiactiva y salvar a los ciudadanos envenenados. Por el otro, políticos irresponsables e inescrupulosos, preocupados por el qué dirán y poco más, y un sistema de salud en ruinas, sostenido con hilos entre carencias elementales, burocratización y huelgas. Esa es la historia que cuenta “Emergencia radiactiva”, la recomendable serie brasileña que estrenó recientemente Netflix y sobre la que llamó mi atención el colega Pascal Beltrán del Río.
Basada en hechos ocurridos el 87, poquito después de Chernobil, la serie funciona por dos razones. La primera es el retrato nada escandaloso, pero verosímil, creíble, seco y crudo, de la pobreza, una habilidad largamente demostrada por el cine brasileño, insuperable, al menos desde los 70, para el realismo duro y el costumbrismo, ese que patentaron directores como Glauber Souza o Ruy Guerra.
Hay unas varias concesiones a un melodrama nada sofisticado, sin duda, pero no terminan de estropear el resultado. La segunda es el talento de los guionistas y la dirección para el suspenso. La lucha contra la contaminación que se extiende sin remedio, subrayada por los ruidos chirriantes de las máquinas para medir la radiación, es digna de premios. Para usar un lugarazo común, te mantiene al filo de la butaca.
En efecto, es mucho lo que dice “Emergencia radioactiva” a los mexicanos. Los antecedentes inmediatos son el manejo criminal de la pandemia de COVID por la administración obradorista, con el Doctor Muerte a la cabeza antes de irse tan campante a Suiza, o, más recientemente, apenas ayer, del incendio en Dos Bocas, que fue porque había retearto aceite y llovió rejuerte y además fue ajuerita de la “barda perimetral”, o de la mancha de petróleo de 600 kilómetros que se extiende por Tabasco, Veracruz y Tamaulipas, mancha de la que, pasado todo un mes, entre “no pasa nada”, “estamos investigando” y “Pemex no tiene la culpa”, y entre tortugas enchapopotadas y pescadores que se quejan sin resultados, seguimos sin saber nada.
Cinco capítulos para los que tienen vacaciones en la semana de Pascua y pueden permitirse un maratón.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09