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El país que se presentaba como el "faro de luz" democrático hoy discute sobre las pretensiones autocráticas de un presidente al que atribuyen formulac
00:10 martes 7 julio, 2026
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Estados Unidos festejó el pasado sábado 4 de julio el 250 aniversario de su Declaración de Independencia en medio de una polarización política, social y económica creciente y de un profundo debate sobre su naturaleza y su futuro.
El país que se presentaba como el "faro de luz" democrático hoy discute sobre las pretensiones autocráticas de un presidente al que atribuyen formulaciones y abusos de poder comparables a los usos monárquicos, así como corruptelas que, si no desconocidas, sí son de proporciones desusadas en el país.
El festejo se desarrolló parte de forma tradicional, incluso un concierto en el parque central de Washington que precedió a un espectáculo de fuegos artificiales interrumpido tanto por el mal tiempo como por la intervención en que el actual presidente, Donald Trump, buscó asumir un papel protagónico y pronunció un discurso calificado como partisano y por debajo de la ocasión.
Pero en ese marco no dejó de llamar la atención que decidiera resucitar el fantasma del comunismo como enemigo, en referencia sin duda a los aparentes avances del socialismo democrático en la política interna estadounidense y tal vez como parte de sus justificaciones de política exterior.
Pero el fondo de la discusión que sacude a Estados Unidos se refiere al tamaño y los alcances de la que bien pudiera definirse como una crisis existencial, sobre su naturaleza y sus propósitos, por la que hoy atraviesa un país que ha visto debates muy similares a lo largo de estos 250 años.
Cierto que no había ocurrido que el presidente en ejercicio tratara de hacerse el centro de todo, como parece la intención del actual mandatario, o que la deuda pública fuera ya casi equivalente al Producto Nacional Bruto (31.9 mil millones de dólares en 2025).
Pero los brutales debates sobre diferencias económicas, migración y racismo han sido parte de la vida política desde antes incluso de la fundación de la república, y muy frecuentemente han encontrado salida y soluciones falsas en expresiones y acciones contra migrantes o minorías étnicas.
Estados Unidos de hoy mantiene el mito de los inmigrantes, siempre y cuando sean blancos, "cristianos" y anglosajones de ascendencia nórdica, mientras grupos supremacistas de la mayoría blanca se quejan de racismo en su contra y comienzan a desfilar otra vez por calles del país.
Ciertamente, no parece extraño en un país donde no solo se debate sobre quién es o puede ser estadounidense, sino respecto a quién o qué es un ser humano. Y cada generación lo interpreta a su manera.
Para algunos, dentro y fuera de Estados Unidos, el país se encuentra en un momento decisorio entre quienes ven la necesidad de un gobierno centralizado, fuerte, autoritario incluso, que corrija su rumbo y lo haga "grande otra vez", y aquellos que creen necesario mantener y fortalecer instituciones ahora atribuladas, pero que por décadas les aseguraron el predominio mundial.