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México es organizador de un magnífico mundial de la FIFA y es además un importante miembro de la ONU
00:23 martes 23 junio, 2026
Colaboradores
La comparación es provocadora, pero útil. La FIFA no puede hacer lo que hace la ONU. No negocia ceses al fuego, no coordina ayuda humanitaria, no administra mandatos de paz, no produce derecho internacional ni representa a los Estados. Pero el Mundial 2026 abre una pregunta incómoda. ¿Por qué una organización deportiva coordina gobiernos, ciudades, patrocinadores, televisoras y aficiones, mientras la principal institución multilateral enfrenta crisis de legitimidad y eficacia?
Dos universalidades distintas. La ONU agrupa a 193 Estados miembros. La FIFA reúne a 211 federaciones nacionales y territoriales. En FIFA compiten federaciones que no siempre coinciden con la diplomacia formal. En el futbol caben más banderas que en la política internacional.
Legalidad y poder. La ONU nace de una Carta, de tratados y de la aspiración de evitar otra guerra mundial. FIFA es una asociación privada de derecho suizo, con estatutos y sanciones. Una descansa en la legalidad internacional. La otra en la afiliación deportiva. Ambas producen efectos políticos. Una resolución fija posiciones diplomáticas. Una decisión de FIFA altera reputaciones, inversiones y diplomacia pública.
Negocio y legitimidad. La ONU no es negocio y no debe serlo. Protege bienes públicos globales, aunque dependa de cuotas y voluntad política. La FIFA no podría organizar un Mundial sin negocio. Derechos de transmisión, patrocinios, boletaje y turismo sostienen un evento planetario. La paradoja es clara. La ONU tiene legitimidad jurídica, pero no siempre eficacia. FIFA tiene eficacia operativa, pero no siempre legitimidad ética.
Anarquía y jerarquías. El sistema internacional es anárquico porque no existe un gobierno mundial. La ONU administra esa anarquía, pero no la elimina. Su Consejo de Seguridad puede paralizarse por el veto. FIFA también vive una anarquía propia. Regula el futbol mundial, pero no tiene un gobierno supranacional que la controle. Ha enfrentado corrupción y tensiones entre deporte, política y mercado. En la ONU hay veto formal. En FIFA hay pesos reales de confederaciones, sedes, patrocinadores y televisoras.
Paz real y paz simbólica. La ONU intenta contener guerras. FIFA no puede hacerlo. Pero el Mundial produce una tregua emocional. Durante unas semanas, el mundo acepta reglas comunes, árbitros, calendarios, himnos y banderas. No resuelve conflictos, pero recuerda que la humanidad todavía puede mirar hacia una misma cancha.
La pregunta no es si FIFA puede reemplazar a la ONU. No puede ni debe hacerlo. La comparación revela que las instituciones globales sobreviven cuando combinan reglas, recursos, legitimidad y ejecución. La ONU conserva la misión más importante. FIFA domina mejor el espectáculo. Una busca ordenar el mundo. La otra organiza su emoción colectiva. En tiempos de crisis multilateral, esa diferencia explica mucho.
México es organizador de un magnífico mundial de la FIFA y es además un importante miembro de la ONU.
Réquiem: Por el General de División D.E.M. Delfino Mario Palmerín Cordero, soldado de honor, mando ejemplar y referente de la Brigada de Fusileros Paracaidistas. Que San Miguel Arcángel lo escolte en su último salto y lo conduzca a la paz eterna. Descanse en paz, Mi General.
GERARDO RODRÍGUEZ SÁNCHEZ LARA
COLABORADOR