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El sector inmobiliario mexicano todavía no ha adoptado de manera generalizada las herramientas digitales basadas en inteligencia artificial
01:50 viernes 15 mayo, 2026
San Luis
El presidente del Consejo Estatal de Profesionales Inmobiliarios de Querétaro, Jorge Torres Landa, advirtió que los fraudes inmobiliarios continúan representando uno de los principales riesgos para quienes buscan invertir, rentar o adquirir una propiedad; incluso, señaló que muchos de estos esquemas son preparados “con alevosía y ventaja” para despojar a las personas de su dinero.
En entrevista para el noticiero Así las Cosas en el Bajío, explicó que, aunque actualmente los casos de fraude parecen más notorios debido al alcance de las redes sociales y a la rapidez con que circula la información, las cifras en realidad se mantienen muy similares a las registradas hace diez o quince años.
No obstante, precisó que lo que sí ha mostrado un crecimiento importante es el incumplimiento de contrato, situación que continúa afectando tanto a compradores como a arrendatarios e inversionistas.
Asimismo, alertó que los grupos delictivos ya utilizan herramientas de inteligencia artificial para cometer fraudes cada vez más sofisticados; entre ellos, mencionó el robo de firmas electrónicas, la clonación de credenciales oficiales, así como la copia de imágenes y voces de las víctimas para aparentar operaciones legítimas.
Sin embargo, sostuvo que los ciudadanos también tienen acceso a herramientas digitales que pueden servir como una primera línea de defensa. En ese sentido, explicó que actualmente existen aplicaciones y plataformas capaces de ayudar a contrastar documentos o detectar posibles irregularidades antes de firmar contratos o realizar transferencias de dinero.
Aun así, subrayó que la inteligencia artificial no sustituye la labor de un profesional, aunque sí puede funcionar como una alerta temprana ante posibles riesgos o inconsistencias.
Como ejemplo, mencionó los esquemas de inversión en preventas inmobiliarias, donde frecuentemente se presentan escenarios con aparentes ventajas económicas sin que los inversionistas conozcan realmente la magnitud del proyecto ni los riesgos financieros involucrados. Explicó que, en ocasiones, una persona puede aportar 300 mil pesos pensando en una inversión moderada, cuando en realidad está ingresando a desarrollos multimillonarios con niveles de riesgo considerablemente altos.
Por ello, consideró fundamental que los ciudadanos aprendan a identificar riesgos dentro de contratos y documentos legales antes de comprometer su patrimonio.
De igual forma, señaló que la compra de terrenos suele implicar procesos largos y acompañados de abundante documentación, por lo que insistió en que la inteligencia artificial puede utilizarse como una herramienta de apoyo para revisar información relevante sobre propiedades, verificar estatus legales o detectar posibles anomalías.
Incluso, explicó que no basta con realizar preguntas generales a plataformas como ChatGPT o Claude, sino que es necesario formular solicitudes específicas y utilizar instrucciones precisas para obtener información verdaderamente útil durante una investigación inmobiliaria.
En consecuencia, reiteró que estas herramientas deben entenderse como una guía o un mapa de orientación y no como un sustituto del trabajo realizado por abogados, asesores o especialistas del sector.
Por otra parte, lamentó que el sector inmobiliario mexicano todavía no haya adoptado de manera generalizada las herramientas digitales basadas en inteligencia artificial. Indicó que las condiciones siguen siendo muy desiguales entre estados; por ejemplo, señaló que en Querétaro existe aproximadamente un 30 por ciento de absorción tecnológica, mientras que en otras entidades del país apenas alcanza el cinco por ciento.
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Finalmente, advirtió que esta falta de modernización mantiene al sector como un terreno vulnerable para distintos tipos de fraude. Incluso, recalcó que los riesgos no se limitan únicamente a la venta de inmuebles, sino también a las rentas tradicionales y a los alojamientos ofertados mediante plataformas como Airbnb, donde en múltiples ocasiones se detectan anuncios o propiedades “fantasma”.