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Porque según todos los indicios y de paso la impresión más generalizada en Washington, esa es la forma en que se determina ahora la política exterior
00:10 miércoles 14 enero, 2026
Colaboradores
Washington- La buena y la mala noticia es que no hay una política definida del gobierno de Donald Trump hacia México. Y en ese sentido, que quienes creen en la inminencia de que el gobierno Trump inicie operaciones militares en México están equivocados, o incorrectos, a partes iguales.
Lo cierto es que, mientras la atención se centra sobre la brutal advertencia significada por el arresto/secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela y las amenazas intervencionistas del presidente Trump, nadie sabe qué pueda pasar excepto tal vez la última persona que haya hablado y convencido al mandatario.
Porque según todos los indicios y de paso la impresión más generalizada en Washington, esa es la forma en que se determina ahora la política exterior estadounidense.
Y de acuerdo con fuentes consultadas, serían los Secretarios de Estado, Marco Rubio, y de Guerra, Peter Hegseth, los "muros de contención" respecto a la posibilidad de una intervención militar en México.
De acuerdo con un informante, uno de los principales argumentos esgrimidos por ellos sería el impacto desestabilizador que una abierta incursión militar estadounidense tendría en el país y su consecuencia para la seguridad estadounidense.
"Nadie quiere un Afganistán en la frontera", comentó la fuente, al recordar que uno de los actuales sombreros de Rubio es el de Consejero de Seguridad Nacional y que de hecho ya hay una considerable colaboración militar entre los dos países. Pero una parte central de la política exterior del presidente Trump es convencer a sus contrapartes de que tiene la capacidad y hasta inclinación a cumplir con sus amenazas.
Ciertamente, Rubio vería con buenos ojos un corte en la relación mexicana con Cuba, especialmente el envío de petróleo, que en opinión estadounidense ayuda a prolongar la vida de un régimen que consideran está a punto de quiebre. La conversación telefónica del lunes, entre el propio Rubio y el Secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, se centró, según la versión oficial estadounidense, en la colaboración antinarcóticos y contra el tráfico de fentanilo. Pero es difícil de creer que el tema Cuba no haya estado presente, principalmente tras las amenazas del presidente Trump contra el régimen cubano.
Pero al mismo tiempo, en el análisis estadounidense entra el posible impacto de una intervención en los estados fronterizos con México y sobre la población estadounidense radicada en México, la mayor del mundo fuera de Estados Unidos y estimada por el Departamento de Estado en unos 1.6 millones de personas.
En Venezuela se estimaba en diez mil.
Con todo, el promotor principal de medidas más visibles de presión sobre México sería Stephen Miller, el influyente subjefe de asesores de la Casa Blanca, que promueve políticas de fuerza tanto dentro como fuera de los Estados Unidos. Miller ha sido caracterizado como un extremista, sobre todo en temas migratorios y vinculado ideológicamente con sectores de derecha extrema, xenofóbicos y hasta racistas.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE