Vínculo copiado
Sucede igual en lo deportivo, lo cultural y en cualquier tipo de branding o marca etiquetada. La envoltura por encima del producto
00:10 domingo 30 noviembre, 2025
Colaboradores
Inmersos como estamos en la sociedad del espectáculo y la apariencia, la superficialidad y la implantación de valores a través de las redes sociales, y ahora con más intensidad por la Inteligencia Artificial, nos encontramos de pronto con famas injustificables cuyo éxito no se basa en el intrínseco mérito de los hechos, sino en su precio aumentado por el entorno del creador o actor. Sucede igual en lo deportivo, lo cultural y en cualquier tipo de branding o marca etiquetada. La envoltura por encima del producto. Esto se nota claramente en el arte, poblado de mercaderes hábiles para lavar fortunas con óleos y esculturas inexistentes (hasta un plátano pegado en la puerta); promotores de instalaciones en el ámbito snobista del primer mundo, en el que un vendedor se llama marchand de tableaux y quien reúne algo en el muro o lo pone en el salón se titula “curador”. Hace unos días en Nueva York alguien desembolsó casi cincuenta millones de dólares por un defectuoso cuadro de Frida Kahlo, quien logró la fama —post mortem— a través de la explotación de su accidentada condición maltrecha y dolorida; engañada por Diego, a quien a su vez coronaba con Trotski, en medio de una versión comunista de la dolce vita. Sin toda esa leyenda, ni se venderían sus cuadros en tan estratosféricas e injustificables cantidades, ni sería objeto de culto, excepto por el blanqueo de capitales; ni se habría desatado por el mundo la manía idolátrica y cinematográfica por una señora cejijunta vestida de tehuana. Obviamente, lo anterior es una herejía para el mundito de la cultura —donde todos reman con la corriente— y se condena con la despectiva acusación de ignorancia para quien mancille sus terrenos de farsa y chanza. Pero lo mismo sucede en otros campos. Hasta en los concursos internacionales de belleza, cuyos éxitos (en abierto, olvido de la cosificación de las mujeres exhibidas como en feria de yeguas, otrora tan censurada por el feminismo), porque la muchacha más bella de Tabasco se gritoneó con el ofensivo organizador del certamen, quien remedió el incidente (la tonteó) con la corona universal de la hermosura. Sin ese disturbio y la movilización de sus solidarias compañeras, sólo habría ganado en Macuspana. También ahí se aplicó el estridente método tabasqueño. No tengo memoria de si en alguna otra ocasión desde la Jefatura del Estado se haya alabado un resultado así. Pero la ya dicha actitud contestataria fue aplaudida —y puesta como ejemplo—, por nuestra señora Presidenta: “...Ya quedó atrás aquella cosa que decían 'calladita te ves más bonita' (...) las mujeres nos vemos más bonitas cuando hablamos y cuando participamos”. Bueno, algunas ni cantando ópera... POR RAFAEL CARDONA COLABORADOR
@CARDONARAFAEL