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¿Caerá la tiranía? No conviene apostar a ello. El totalitarismo de izquierdas –vean a la URSS, vean a Corea del Norte– resulta muy longevo
00:01 martes 6 enero, 2026
Colaboradores
Cuba no es un fracaso: es un éxito. No, no como modelo de sociedad, por Dios. Al contrario. Lo es solo para aquellos que concibieron a ese país como un rancho cuyo usufructo corresponde a unas pocas familias, las de la élite revolucionaria-militar encabezada por los Castro, que han sido eso, exitosísimos, en extender hasta la eternidad un modelo diseñado para matar de hambre a la población, en nombre de ideales elevadísimos que justifican la represión implacable de una tiranía que cumple 67 añitos.
¿Caerá la tiranía? No conviene apostar a ello. El totalitarismo de izquierdas –vean a la URSS, vean a Corea del Norte– resulta muy longevo. Es una maquinaria de conservación del poder francamente insuperable, incluso más eficaz en eso que el fascismo.
Pero, en el caso cubano, hay una posibilidad de que el tinglado se desmorone, y es el grado de putrefacción que ha alcanzado un país que, por las decisiones de la casta gobernante, y nada más por eso, está a un paso de alcanzar los estándares de miseria de, digamos, Haití.
Ese es el tema central de la última, devastadora novela de Leonardo Padura, “Morir en la arena”, que es justamente de donde viene la referencia a Haití.
A partir de la historia de un parricidio particularmente violento y de un bonito amor largamente pospuesto que se conecta con ese parricidio, Padura acerca la lupa a, digamos, la Cuba socialista profunda: la de los ciudadanos de a pie, esos que sobreviven de milagro entre pensiones raquíticas y cartillas de racionamiento, en contraste con la vieja casta de privilegiados que secuestraron al país y de los nuevos ricos, que son un puñado de empresarios y sacerdotes santeros que han logrado manejar Audis y beber whisky a expensas de la escasez de todo y de una cierta apertura del régimen a los negocios privados –una apertura obligada que puede desaparecer en cualquier momento, ese sello del socialismo tropical.
La palabra que mejor define este libro es “devastador”. Probablemente no hay en la extraordinaria literatura cubana un retrato tan vívido y tan extenso del día a día del cubano de a pie, el día a día del hambre-hambre, la de a deveras, la del estómago vacío, y de las secuelas de la guerra en Angola, y de la escasez de gasolina (porque la de Pemex y la venezolana son para el mercado negro, no para los cubanos), y del alcoholismo como único refugio, y del dolor de las familias divididas por el exilio, en un ejercicio no propiamente inédito en la obra de Padura –incluso ya sus muy divertidas novelas policiacas, las de Mario Conde, tienen mucho de, llamémoslo así con la ironía del caso, “realismo socialista”, un realismo, este sí, digamos que muy real–, pero llevado a extremos que no le habíamos visto.
Un libro muy recomendable, con el aviso de que es una lectura profundamente triste.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09