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A Trump no le importan ni la justicia, ni la democracia, ni el bienestar del pueblo de Venezuela. Maduro era el impedimento a su atraco petrolero
00:01 martes 6 enero, 2026
Colaboradores
Washington.- Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores fueron pretexto y daño colateral del asalto militar a Caracas que ordenó Donald Trump. En dicha operación, el objetivo violatorio de leyes internacionales del presidente de Estados Unidos fue adueñarse del petróleo de Venezuela.
“Un ataque por la justicia”, catalogó Trump en conferencia de prensa al ataque quirúrgico llevado a cabo en Venezuela por militares de la Fuerza Delta, grupo élite del Pentágono que hizo la extracción de Caracas de Maduro y su esposa para ser llevados a Nueva York y posiblemente después extraditados a Florida para enfrentar delitos de narco terrorismo, trasiego de narcóticos y lavado de dinero, entre otros.
Sin empacho y destilando arrogancia imperialista, el pasado sábado 3 de enero Trump presumió su primera presa bajo el corolario del renacimiento de la Doctrina Monroe: “Vamos a tener entrando (a Venezuela) a nuestras grandes empresas petroleras de Estados Unidos, las más grandes de cualquier lugar del mundo, gastando miles de millones de dólares y arreglando la muy malamente destruida infraestructura para comenzar a hacer dinero para el país”.
A Trump no le importan ni la justicia, ni la democracia ni el bienestar del pueblo de Venezuela. Tras la extirpación de Maduro, que era el impedimento a su atraco petrolero, Trump anunció que “un equipo” se haría cargo de una “transición apropiada y juiciosa” en la nación sudamericana. En ese equipo Trump contaba con la participación de Delcy Rodríguez, la vicepresidenta venezolana que luego del ataque militar del Pentágono habló en varias ocasiones con Marco Rubio para, presuntamente, someterse a las órdenes de Washington.
Unas horas después, ya como presidenta interina de Venezuela, arropada por militares y funcionarios de alto rango de su país, Rodríguez desmintió lo dicho por Trump y remarcó su fidelidad a Maduro.
Por ahora, el presidente de Estados Unidos ha minimizado las acciones y declaraciones posteriores de Rodríguez a la captura de Maduro.
Venezuela sigue sitiada por el portaaviones Gerald Ford, decenas de buques de guerra, cientos de aviones y helicópteros de ataque más, unos 15 mil elementos del Pentágono y cientos de la Fuerza Delta.
La amenaza de otro ataque bélico está vigente. Trump dijo que el Departamento de Guerra tiene lista otra oleada militar, la que incluso se preparó por cualquier contratiempo para capturar a Maduro.
Es cuestión de jalar el gatillo para impedir que alguien más se interponga al atropello imperialista y robo petrolero de Estados Unidos.
La interpretación de justicia que hizo Trump al ordenar la ofensiva militar a Venezuela fue para recuperar la industria petrolera que Hugo Chávez arrebató a las empresas estadunidenses con la expropiación del hidrocarburo y que Maduro perpetuó.
“Reembolsaremos a las compañías que construyeron la infraestructura del petróleo en Venezuela y nos reembolsaremos miles de millones de dólares”, advirtió Trump el fin de semana pasado desde Florida.
Tras lo hecho en Venezuela, el presidente de Estados Unidos no ve impedimento para la renovación estilo trumpiana de la Doctrina Monroe.
“Que se cuide el culo”, advirtió sobre Gustavo Petro, presidente de Colombia. “Aseguraremos nuestra frontera sur y aplastaremos a los cárteles”, indicó en referencia al narcotráfico de México. “Pronto se estará hablando más de Cuba”, adelantó Trump como parte de las veladas amenazas que lanzó contra naciones de las Américas.
El pretexto para una ataque o invasión militar de Estados Unidos, como lo vimos con Venezuela, puede ser la captura y aplastamiento de capos y cárteles del narcotráfico o eliminación de sus antagonistas ideológicos.
Los millones de adictos y consumidores de todo tipo de narcóticos en Estados Unidos, bien gracias. Bajo la visión trumpiana son víctimas inocentes de los villanos y criminales latinoamericanos que se aprovechan de su incontrolable apetito y flaqueza ante las drogas.
Más claro ni el agua. La ambición imperialista de Trump es adueñarse del petróleo que las empresas estadunidenses, con objetivos capitalistas nunca altruistas, ayudaron a edificar en Colombia, México, Brasil, Ecuador y otras naciones de la región.
La Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Organización de los Estados Americanos (OEA) no sirven ni para maldita la cosa.
POR: J. JESÚS ESQUIVEL
@JJESUSESQUIVEL