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Dicho lo anterior, creo que la reforma, o aborto de reforma, tiene una virtud, cierto que muy menor, y es que es un retrato inmejorable
00:10 sábado 7 marzo, 2026
Colaboradores
No estoy de acuerdo con que la reforma electoral, conforme a lo último enviado por la presidenta a San Lázaro, sea el último clavo en el ataúd de la democracia. Por Dios. Ese clavo está puesto hace ya muchos meses. Si vamos a usar lugares comunes para etiquetar la iniciativa, me parece que funciona mejor la de “cereza que corona el pastel”. La democracia mexa ya había valido madres. Esta nueva reforma es solo es un acto de virtuosismo estético autoritario, un remate de faena, que ayuda a reforzar el mensaje ante ti, lector no oficialista, y ante todos los que están en posiciones parecidas, de que aquí manda la 4T, y va a mandar por mil años, y hazle como quieras.
Dicho lo anterior, creo que la reforma, o aborto de reforma, tiene una virtud, cierto que muy menor, y es que es un retrato inmejorable de lo chafa, lo marrullero, lo cínico y lo antidemocrático que es el ejercicio del poder en nuestro México de hoy.
En efecto, la reforma, con el machetazo a los recursos para los partidos, cuando solo el partido en el poder tiene acceso a los dineros públicos, y con la liposucción profunda a la representación proporcional, iría directito a reforzar el establecimiento de un partido único que, insisto, de todas maneras ya estaba instituido. Aquí lo antidemocrático.
Luego, lo chafa. El Ejecutivo manda una propuesta que, como les quita lana y cargos, rechazan los dos partidos aliados de Morena, el Verde y el PT. O sea, el equipo del Ejecutivo no cabildeó una reforma que, parece, nació muerta, y deja mal a la presidenta. Claro que tampoco estamos seguros. La última versión no va a ser votada hasta el martes, porque los diputados se van a tomar oooootro puente. Seis días. Ahí lo cínico. Bueno, y también lo chafa. Chafa al cuadrado.
Aquí me veo obligado a sucumbir un poquito a la tentación conspiranoica. Según ciertos analistas, tal vez la presidenta mandó la propuesta de reforma así, en versión hardcore, sabiendo que iba a ser rechazada, porque la reforma no viene realmente de su oficina, sino de Palenque, y quería matarla sin pagar el precio de hacer encabronar al Supremo Líder. Lo dudo, pero esa posibilidad nos pone, otra vez, ante el autoritarismo, nada más que con esteroides. Imagínense: un septuagenario que -ahí va- marrulleramente, pero sobre todo antidemocráticamente, ejerce de mandamás en las sombras, contra la voluntad en las urnas del pueblo bueno.
Luego: el PT, plantadísimo, asegura que no va a permitir la “reinstauración del partido único”. Muy bien. Pero el mensaje tendría más credibilidad si no fuera el partido que felicita por su cumpleaños a Kim, el tirano de Corea del Norte. Volvemos al cinismo.
Y terminamos con lo cínico y lo chafa. Tiene nombre: Pablo Gómez. Sí, el del Pacto por México, incapaz de pasar una reforma viable, pero eso sí, pepenado a la nómina.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09