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Señor Trumpaz, no tengo la virtud de leer el futuro pero, como dicen en mi tierra; pue’que, conste que es pue’que
00:23 martes 23 junio, 2026
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Washington.- Finalmente y casi cuatro meses después, Estados Unidos e Irán, con la forzada tregua entre Israel y Líbano, dan al mundo y a Oriente Medio una tregua en la guerra y la esperanza de que en los próximos seis meses en Washington no haya un exabrupto bélico.
Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, firmó en Francia el memorando de entendimiento con el se empezará a negociar una paz presuntamente definitiva con Irán, y con el que inmediatamente quedó manifiesto el auténtico interés de este mandatario.
Sin recato, Trump presumió que con el compromiso se abrió el Estrecho de Ormuz y que por éste corría nuevamente, y sin cuota de navegación, el comercio internacional de petróleo que, al haber sido suspendido por la guerra, encareció el costo de la vida y del combustible a los estadunidenses que podrían cobrarle la factura a su presidente y a su partido político el martes 3 de noviembre.
Le urgía al presidente de Estados Unidos reactivar el funcionamiento de la vena de petróleo más que detener la guerra porque los precios de la gasolina en su país, de los productos de la canasta básica y de todos los bienes y servicios estaban asfixiando política y electoralmente a los republicanos; con lo que los demócratas es posible que se apresten a apoderarse del Capitolio y por ende del poder en Washington.
La nueva narrativa en la capital estadunidense es totalmente electoral, Trump lo sabe, lo entiende y le teme porque si los demócratas despiertan en el 4 de noviembre siendo mayoría representativa en el Congreso federal, el actual presidente se convierte en una especie de monigote.
Ávido marrullero en materia de comunicación, Trump con la firma de la endeble paz con Irán, reactivó entre sus huestes la discusión de que él es otra vez -aunque oficialmente nadie le ha dicho que nunca lo fue- un gran candidato al galardón del Premio Nobel de la Paz.
Trumpaz no entiende que dicho reconocimiento no es para quien comienza una guerra injustificada y luego, bajo amenazas de aniquilar a más de 90 millones de iranís si el gobierno de estos no cumple sus caprichos imperialistas, la detiene dejando la huella indeleble de la estela de muerte, pobreza, caos e inseguridad.
No solamente Trump padece de ignorancia pacifista, sino que también descaradamente, y esto hay que reconocérselo, es un imperialista cínico porque tras el desastre que hizo con Irán, ahora exige aplausos de la comunidad internacional. Sí señor presidente, aquí tiene los laureles que pide y muchas gracias por permitir que Israel siga con el genocidio palestino en la franja de Gaza y a usted especialmente por lo que hizo con la nación persa que, de acuerdo con usted, estaba a punto de lanzar ataques nucleares sin tener la bomba para hacerlo.
Imposible hacer entender a Trump que el Premio Nobel de la Paz no merece estar en manos de alguien que las tiene manchadas de sangre, ni de quien sin empacho, como lo hizo él la semana pasada en Francia, grita a los cuatro vientos que es un asesino: ‘yo maté al general... yo maté a todos los integrantes del gobierno de Irán’.
Señor Trumpaz, no tengo la virtud de leer el futuro pero, como dicen en mi tierra; pue’que, conste que es pue’que; se me hace que se va a tener que conformar con otro trofeo de paz que le dé Gianni Infantino el presidente de FIFA, por ayudarlo a encarecer los costos de los boletos del Mundial. Ya ve que al dirigente del futbol internacional no se le da mucho ni le gusta eso de ser un abominable lambiscón.
POR: J. JESÚS ESQUIVEL
@JJESUSESQUIVEL