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El anuncio de nuevos estímulos fiscales para la producción cinematográfica es un acierto que despega a la administración de Claudia Sheinbaum
00:01 jueves 19 febrero, 2026
Colaboradores
Lo de los estímulos a la producción cinematográfica es una buena noticia que le sale barata al gobierno federal en el país de los desaparecidos, de la cada vez menos clara división de poderes, donde el crimen organizado crece y la economía se estanca.
No por ello deja de ser buena noticia.
Para anunciar una política pública para la industria del espectáculo (es una industria cultural), la Presidencia de la República montó un espectáculo con Salma Hayek como protagonista y un elenco multiestelar. Excepción hecha de un par de propagandistas del régimen, si estaban ahí es porque el anuncio que se haría esa mañana lo ameritaba: un crédito fiscal a la producción cinematográfica equivalente al 30% del presupuesto o 40 millones de pesos (lo que ocurra primero), aplicable a todo proyecto fílmico nacional o extranjero cuyo rodaje transcurra de manera mayoritaria en México y el 70 por ciento de cuyos proveedores sean mexicanos.
Que esto suceda a los pocos meses de que Netflix anunciara una inversión de mil millones de pesos en producciones mexicanas a lo largo de los próximos cuatro años es una buena nueva: una que construye industria cultural, meta que parecía ausente desde el sexenio de Felipe Calderón, último presidente en desplegar una política más o menos vigorosa en la materia.
Recuerdo una conversación con el CFO de una empresa transnacional durante el gobierno de López Obrador: “Nos encantaría dar EFICINE y EFIARTES pero sabemos que al SAT no le gustan las empresas que ejercen los incentivos fiscales; preferimos no arriesgarnos”. Lo anunciado ayer en Palacio Nacional no tiene repercusión alguna sobre esos programas; contribuye, sin embargo, a un cambio de narrativa: mientras en el sexenio de Peña Nieto el gobierno parecía indiferente a la producción cultural y en el de López Obrador su enemigo jurado, ahora parece hacerla objeto –al menos en lo que toca al cine– de una política pública dedicada y, hasta donde puede verse, bien diseñada.
Sí, la invitación a la comunidad cinematográfica a tomarse la foto me sobró (pero es lo que hacen los políticos de todos los países y todos los partidos al momento de anunciar una acción de gobierno digna de encomio: instrumentalizar a la comunidad beneficiaria). Si, el discurso de Hayek resultó sobreactuado. Y, sí, se me ocurren cuando menos varios cientos de miles de mujeres más merecedoras del panegírico proto feminista de una estrella global que Rocío Nahle. Todo lo cual no quita mérito a la iniciativa, que es loable tanto en sus efectos como en su espíritu.
Conceder ese mérito al gobierno federal no es sólo un gesto de justicia moral sino uno de sagacidad política: si somos justos con lo que la Presidenta hace bien, mayor crédito tendrán nuestras palabras cuando señalemos lo que hace mal (o, peor, lo que deja pasar).
POR NICOLÁS ALVARADO
COLABORADOR
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