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La posición geográfica de Cuba, sus reservas de níquel y cobalto, y el envío de petróleo desde México se insertan en una disputa global
11:37 lunes 2 febrero, 2026
Queretaro
La relación entre México, Estados Unidos y Cuba atraviesa un momento de alta tensión geopolítica que va mucho más allá de la ideología. Así lo sostiene Abdiel Hernández, doctor en Estudios Latinoamericanos, en entrevista para WRadio Querétaro, quien explica que la isla caribeña ocupa una posición estratégica clave en el Gran Caribe, tanto por su ubicación como por los recursos minerales que posee. De acuerdo con el especialista, Cuba forma parte de un arco insular que conecta el Canal de Panamá con el sur de Estados Unidos y Venezuela, región que concentra algunas de las mayores reservas energéticas del mundo. Esta zona, afirma, podría estar configurándose como un corredor marítimo de recursos estratégicos, fundamental para el comercio internacional y la seguridad energética global. Hernández subraya que el interés internacional en Cuba se ha intensificado por sus reservas de níquel y cobalto, minerales indispensables para la nueva revolución digital. Estos insumos son clave para la fabricación de baterías de autos eléctricos, sistemas de almacenamiento de energía y centros de datos, lo que los convierte en recursos estratégicos en un contexto de transición tecnológica y expansión de la inteligencia artificial. En este escenario, China mantiene una posición dominante en el control y procesamiento de estos materiales, lo que incrementa la preocupación de Estados Unidos. Desde esta óptica, el envío de petróleo mexicano a la isla no es un gesto aislado. El académico explica que, al sostener el suministro energético, México contribuye indirectamente a que Cuba mantenga activa una industria minera y una infraestructura que resulta funcional a los intereses chinos. “Para Estados Unidos, cortar esos insumos forma parte de una lógica de seguridad nacional”, señala, al referirse a las órdenes ejecutivas y decisiones estratégicas impulsadas desde Washington. El análisis también pone en contexto el papel histórico de México. Hernández recuerda que la cooperación con Cuba no es exclusiva de los gobiernos recientes, sino una política sostenida desde mediados del siglo XX, en abierta oposición al embargo estadounidense. Esta relación ha incluido intercambios energéticos, médicos y humanitarios, bajo un esquema de reciprocidad más que de ayuda unilateral. No obstante, el especialista advierte que el petróleo ha recuperado un papel central en el escenario mundial. A pesar del discurso de transición energética, la persistencia de conflictos armados —más de medio centenar a nivel global— mantiene al crudo como un recurso indispensable para la logística militar y el transporte estratégico. En ese marco, México también enfrenta sus propios retos, como la reconversión de la deuda de Pemex y la operación de nuevas refinerías consideradas estratégicas a mediano plazo. Finalmente, Hernández plantea que la disputa por Cuba no se reduce a socialismo o capitalismo. Detrás del discurso ideológico, afirma, se encuentra el interés por dominar rutas comerciales, recursos energéticos y, cada vez con mayor peso, el control de los datos y la infraestructura digital en el Gran Caribe. “Cada revolución industrial está ligada a una revolución energética”, concluye, al advertir que la lucha por minerales críticos y energía definirá el rumbo geopolítico de las próximas décadas.